Y de repente llegas tú. Nunca había conocido a nadie que de verdad pensara que yo valía la pena, hasta que te conocí a ti, y tú lograste que yo también me lo creyera, así que por desgracia te necesito... y tú me necesitas a mí.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Cuando el mundo se vuelva mudo.

Hoy he ido al médico. Como siempre, desde que tengo uso de razón, voy al otorrino cada cierto tiempo. En principio eran meses, después pasó a ser de año en año. He tenido tres otitis y el oído izquierdo no oye tan bien como el derecho.
Me han hecho una audiometría, que básicamente consiste en escuchar pitidos a través de unos auriculares y avisar cuando los oiga, para saber qué frecuencias alcanzo a oír, o algo por el estilo.
No volveré más. Esta vez simplemente me han dicho que cuando empiece a notar que debo hacer esfuerzos para oír... necesitaré un aparatito auditivo. Dicen que cada vez son más pequeños, que no se ven... pero a mí me ha sonado como si tuviera una enfermedad terminal y me estuvieran diciendo cuánto me queda. ¡Oír por mí misma! ¿Cuánto quedará hasta que deje de hacerlo? ¿Llegará el día en que no pueda oír el rumor de la lluvia sin un cacharro artificial? Ni siquiera soy mayor. No escucho música con cascos, y si lo hago es al volumen 2, cuando el máximo es el 30. No tengo la culpa de haber estado enferma... y no es justo, no es justo. Yo no noto que tenga que hacer esfuerzos sobrehumanos para oír. De hecho, la gente tiene que repetirme las cosas ocho veces, pero no porque no les oiga, sino porque no les presto atención. Cuando pienso suelo estar tan metida en mí que no me enteraría ni siquiera de una bomba.
Tal vez se equivoquen, y aún tenga tiempo. Tal vez tengan que pasar aún varios años, tal vez hasta que no sea mayor no lo necesite. Ojalá... pero sé que tarde o temprano el mundo se me volverá mudo.