¡Hola de nuevo! ¿Cuántos días hace que no me conecto? Probablemente poquísimos, pero se me han hecho eternos. Resulta que estoy de mudanza. Sí, me cambio de casa. Tan solo me muevo a dos minutos de mi actual barrio, a una casa donde el perro tendrá una habitación más grande que yo, pero bueno. Mis padres se empeñaron xD
Un día, de repente, se llevaron el ordenador. Y, sin poderme despedir, me quedé sin el foro(el resto de Internet me es indiferente) Para colmo, no funcionaba la línea por no se qué historias del cable, hasta ayer que por fin lo arreglaron.
Ardía en ganas de escribiros. Tengo junto a mí amigos a los que quiero mucho, pero ello no hace que quiera menos a mi manada daimónica. La distancia no importa, solo el hecho de sentirse comprendido por alguien ya me llena. Espero que estéis todos bien ^^
Remis y yo estamos como siempre. Terminó el curso, no suspendí ninguna asignatura así que este verano se me presenta relajado. No me alegro por que termine, la verdad es que desde que comenzó junio ya empezaron mis vacaciones(aunque sólo fueran mentales...). Nuestras formas últimamente son de lirones y armiños, aunque, será el calor, no me apetece visualizarlo mucho. Tengo demasiadas cosas en mente.
Habría avisado en el foro, pero no tengo mucho tiempo y no quiero que se borren los mensajes no leídos, que probablemente sean billones. Espero tener más tiempo cuando estemos definitivamente instalados.
¡Un beso muy fuerte!
Y de repente llegas tú. Nunca había conocido a nadie que de verdad pensara que yo valía la pena, hasta que te conocí a ti, y tú lograste que yo también me lo creyera, así que por desgracia te necesito... y tú me necesitas a mí.
miércoles, 24 de junio de 2009
lunes, 15 de junio de 2009
Vidas vacías

Cuando camino por la calle me aburro soberanamente. Soy una persona muy impaciente, pienso que los segundos que transcurren desde una acción a otra son tiempo perdido. Para entretenerme, me gusta mirar a la gente que pasa por mi lado a los ojos y preguntarme qué tipo de vida llevará. Veo a una madre toda despeinada, tirando de su hijo a toda velocidad porque llegan tarde al colegio. Probablemente el pequeño no quiso terminarse la sopa y su madre no lo dejó levantarse de la mesa, pero cuando se dio cuenta era hora de entrar a clase, y tuvo que salir corriendo llevando al niño a rastras, sin tiempo apenas para peinarse.
Veo pasar a una parejita y no puedo evitar sonreír. Seguro que han estado viendo alguna serie de tarde abrazaditos en el sofá y ahora han salido a dar una vuelta.
Sin embargo, observar la vida de los adultos no me deja solo buenos ratos. Algunos parecen cansados, aburridos de todo. Cuando suena una ambulancia yo no puedo evitar volverme sorprendida y mirar hacia todos lados. Ellos no levantan la vista. Van a su paso rápido, enérgico, algunos no levantan la mirada del suelo.
Todos parecen llevar una vida monótona. Trabajos normales, vidas rutinarias en una de esas casas con papeles en las paredes y olor a rancio. Probablemente me equivoque, pero esa es la sensación que me suelen dar.
Luego hay personas que destacan. Personas a las que te encantaría conocer. Por ejemplo, la frutera de al lado de mi casa. Siempre llega a la frutería montada en una bicicleta con cestita, más chula que un ocho esquivando a los coches. Me saluda con una sonrisa, a pesar de que jamás hemos cruzado dos palabras. Como ella, todas estas personas que parecen ir a contracorriente, que se visten con colores alegres o pasean hablando con su perro como si tal cosa. Una chica que se sienta a leer en un jardín, un hombre sacando fotos a las palomas. Oh, adoro ver gente haciendo cosas tan sencillas y agradables.
Sin embargo estos últimos son los más escasos. Los que abundan son las personas que -aparentemente- llevan vidas vacías. Me hacen rebelarme, porque yo no quiero vivir así. Prefiero mil veces viajar a África como misionera. A pesar de todos los sufrimientos y sacrificios que eso me conllevaría, prefiero una vida así antes que hacer exactamente lo mismo todos los días. Levantarme, trabajar, hacer la comida, comer, recoger a los niños del colegio, limpiar, cenar, dormir. Se me hace más angustioso que encontrarme en medio de la selva tropical con un calor insoportable.
Prefiero imaginarme mi vida llena de aventuras. Bueno, no quiero ser una Indiana Jones, pero me encantaría enfrentarme a nuevas emociones cada día. Viajar, investigar, salvar personas, curar animales... ayudar a los demás me hace sentir bien. No he tenido mucha ocasión de hacerlo, porque tampoco estoy dispuesta a que se aprovechen de mí, pero me encantaría sentirme útil en algún lugar.
Remis me dice que todos estos deseos se pasarán cuando crezca, que luego me parecerá lo mejor del mundo tener un trabajo normal y una familia y que no echaré de menos las emociones fuertes. Precisamente eso es lo que hace que no quiera hacerme mayor. ¿Por qué perder todas las emociones? La mayor parte de los adultos no sienten igual que los niños. Y si lo sienten, parece que están obligados a esconderlo. Se hacen la pelota unos a otros y se ponen verdes a las espaldas, con crueldad. Los niños pueden decirse todo lo que quieran a la cara y al poco tiempo siguen jugando. Los adultos siempre arrastran penas del pasado, deudas, preocupaciones... un niño puede tener preocupaciones, pero no se tortura pensando en el pasado. ¿Cuánto os duraban los rencores con siete años? Lo míos no pasaban de veinte minutos.
Por eso ya no quiero hacerme mayor. Ahora me río de la Laia que quería un Remis estable. Bueno, lo sigo queriendo, pero quiero una forma soñadora, honesta, caprichosa y alegre(y sus correspondientes defectos, claro xD) que no me convierta en una de esas personas serias y amargadas hasta decir basta, y que, en definitiva, no me haga tener una vida vacía.
sábado, 6 de junio de 2009
Aquellos viejos tiempos.

Ayer hicimos la cena de clase, como dije en la anterior entrada. Íbamos a hacerla la semana que viene, pero al final se adelantó.
Mucha gente faltó, entre ellos todas mis amigas actuales. Decían que no querían ver a todos borrachos y separados en grupitos. También faltaron algunos chicos que en estos últimos años fueron deteriorando su relación con todo el mundo y, la verdad, no lamenté nada su falta. Una chica que nos pone verdes a las espaldas y otro que es la persona más plasta que puedas echarte a la cara.
Quedamos en un supermercado para comprar la cena y las bebidas(¬¬) la verdad, teniendo en cuenta que lo hacen todos los sábados, no entiendo cómo pueden estar tan mal organizados. Compramos nuestras cosas y nos marchamos a un parque cercano, donde hay grandes extensiones de hierba junto al río y un recinto lleno de patos, ocas, pavos y otras aves por el estilo.
Nos preparamos la cena junto al río, hablando de tonterías(donde el alcohol era el tema principal, por cierto), después nos hicimos fotos, charlamos sobre el colegio, los juegos, los amigos que teníamos en esa época... también bailamos y cantamos subidos al puente por donde pasan las vías del tren, un lugar medio abandonado donde voy muy a menudo.
Se lo pasaron genial. Como se conocían tan bien, todo se hacía con confianza y cariño. Cierto, algunos se emborracharon, pero no fue para tanto. La mayoría solo se hacían los borrachos para fardar, pero no les hacía falta. Siempre fueron y serán unos payasos.
Me llena de alegría poder decir esta tarde a todas las chicas que no fueron, que se equivocaban. No fuimos en grupitos. Estuvimos todos juntos, todos con todos, todos amigos. Hemos cambiado muchísimo, pero es maravilloso saber que la amistad sigue ahí, muy profunda, pero sigue existiendo. Nunca volveré a tener esta oportunidad, afortunadamente no hice caso de mis amigas y fui a la cena, porque si no lo hubiera hecho no me lo habría perdonado jamás. He perdido demasiadas cosas dejándome influir por los demás. Pero no, eso no volverá a pasar.
Jamás olvidaré esa noche, como no he olvidado los tiempos en que éramos niños inocentes jugando en el patio de un colegio.
Ahora, una carta no enviada:
A mis viejos amigos:
No sabéis cuanto os agradezco que hayáis montado esa cena. Sé que no comimos nada especial, donuts y bocadillos, pero de todas formas a vuestro lado eso me pareció lo de menos. He de deciros que no sé cómo bebéis esas cosas. ¡Pero si saben a óxido! Igualito que la medicina de mi madre para las úlceras. Yo preferí mi Coca-cola, mucho más rico y sano.
Quitando esto, sabed que lo pasé genial.
Para cada uno:
-Me encantó que me enseñaras a hacer chispas tirando piedras contra la vía.
-Parecías idiota con los ojos cerrados besando a aquella estatua.
-Parece que tu amor por ella no ha cambiado en estos años, ¿eh? ^^
-A pesar de lo cuuursi que eres y de los tacones, me encantó verte de nuevo.
-No sé por qué te fuiste tan pronto. Deberías haberte quedado un poco más y socializar, seguimos siendo tus amigos.
-A pesar de tu poca inteligencia, me caes bien. ¿Qué le voy a hacer? son demasiados años a tu lado.
-Chica, tienes novio. ¿Pensabas ir de chico en chico toda la noche? o.oU
-Tú no deberías beber tanto. Eres idiota... ya veremos como terminas en unos años. Me dolerá verte.
-Sigues siendo el papá de la clase. Adoro tu sentido del humor.
-Gracias por seguir siendo un niño. Que sepas que me pone de muy buen humor estar contigo.
-Amiga mía, ir elegante no te sienta bien xD Espero que no te quedaras sin pies antes de llegar a casa u.u
-Me encantó que recordaras aquellas canciones del campamento. La verdad es que yo no recordaba que las recordaba xD
-Parece mentira lo maduro que eres. ¡No cambies!
-Eres excesivamente pesada, pero, ¿sabes? da igual. Me caes demasiado bien xD
-No has cambiado nada. Sigues hablando como mi abuela... pero es tu forma de ser, y me encanta.
-A ti apenas te conozco. Te fuiste del colegio demasiado pronto.
Besos a todos!
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Una canción para todos ellos. Habla de la amistad y de los cambios:
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