Por supuesto, estar sola me deja mucho tiempo para pensar. Estaría bien pensar en el futuro y el presente, pero tiendo a vivir anclada en el pasado. "El año pasado, justo este día estaba con X persona." "Hace justo tres años que escribí esa frase." "Ojalá pudiera volver al verano". Mi vida se basa en echar de menos.
¿Y qué echo de menos? Justo el año pasado. No se puede decir que esté muy orgullosa de cómo llevé mi primer año de universitaria, visto objetivamente. Suelo decir que no me arrepiento del pasado pero esta vez haré una excepción. Intento atribuirlo al hecho de que todo era nuevo y tenía que aprender a desenvolverme lejos de mi casa y de todas las personas que conocía. Así que aplico el comodín de la novata.
Ahora todo está más asentado, pero, desgraciadamente, una de las pocas personas realmente especiales que conocí ya no está conmigo. De hecho, aunque no pudiera verla, sería menos doloroso si estuviera, digamos, en el mismo "suelo" que yo. Es esa extraña sensación de cercanía que hace que no eches de menos a alguien si vives cerca, aunque no lo veas en siglos. Pero cuando un océano te separa de alguien, entonces la sensación, al menos para mí, se hace insoportable.
Suelo llevarme bien con la gente, pero con muy pocos pasaría días enteros, sin descansar de su presencia. No soy un ser gregario, en absoluto. Por cada hora de socialización necesito tres
Y por eso me marcan tanto las personas con las que realmente consigo abrirme y ser yo, sin miedo a expresar emociones y opiniones. En realidad nada me gusta más que abrirme a alguien, pero no es tan fácil. Tal vez por eso me guste tanto escribir en este blog.
No es tan sencillo encontrar a una persona con la que mi corazón diga "pase, está abierto". Y ella lo era. Supongo que fue una gran casualidad que nos encontráramos, tan diferentes y tan complementadas. Yo, que siempre necesité años para hacer un amigo de verdad, solo gasté unos meses.
¡Maldita distancia! Terminó el curso y regresamos a casa. Yo cerca, ella lejos, muy lejos. Cambios de planes, cambios de sueños y adiós a todo. Yo regresé tras el verano, sola. Al menos, sola en el sentido que a mí me importaba. Y ahora es como si siempre faltara algo.
Qué común, ¿no? echar de menos a un amigo ausente. La verdad es que duele más de lo que pensaba.