He visto la carta no enviada de Nai y me he animado a escribir todo lo que pensé hace unas semanas. La persona a la que va dirigida ya no puede leerlo. Pero necesito pensar que sí.
Ha pasado más de un año desde aquel horrible día y lo olvidé. En realidad, lo taché de todos los calendarios para no acordarme. Tal vez parece que me recuperé muy deprisa, pero pienso en ti de vez en cuando y siempre me pongo muy triste... para ponerme alegre enseguida, en cuanto recuerdo los buenos momentos. Recuerdo que venías a cuidarme los veranos cuando era pequeña, y decías que eras mi mayordomo y te llamabas Fermín. Entrabas a oscuras en mi habitación y me dejabas el desayuno encima de la mesa. Oh, me sentía como una princesa, aunque entonces no me daba cuenta. Luego salía y juntos veíamos Xena, la princesa guerrera. Me estoy riendo recordándolo. Tal vez por esa serie me volví yo tan aventurera...
Ahora me viene a la mente cuando estábamos los dos en la cocina, tú almorzando con tu navaja multiusos(cuchillito y tenedor xP) y luego recogiendo todas las miguitas, cosa que yo nunca hago. Recuerdo que te observaba atentamente jugando al solitario, y luego te imitaba aunque me inventaba el juego como me daba la gana. Hasta que me enseñaste, pero eso fue más tarde.
Recuerdo cuando me dijiste que Luni había tenido una hija y yo ya iba a contestarte: "No tonto, porque es una chica pero como está sola no puede tener hijos", cuando vi otra tortuguita en la pecera y me puse tan contenta... no sé por qué me la compraste, pero Lami es preciosa. A partir de ahora cada vez que la mire abriendo su bocaza sin dientes me acordaré de ese día.
Me acuerdo de una comida en la que te pusiste una peluca negra y parecías un jefe indio. Estabas muy gracioso. Y cuando me comprabas el huevo Kinder y tú y la abuela y yo montábamos la figurita. Por supuesto siempre pienso en ti cuando leo Mortadelo y Filemón, y cuando veo una peli del Oeste.
Todo cambió aquel día. Todo. Cuando te llevaron a Burgos y estabas tan mal, y yo no comprendía nada, solo que mi madre casi nunca estaba en casa conmigo. Y me llevaron al hospital pero no me subieron a verte. Ahí supe que algo iba mal, pero lo aparté de mi mente. Entonces me era muy fácil hacer esas cosas.
Recuerdo una tarde en que me di cuenta de todo, de que te ibas, y rogué en voz alta que no, que te quedaras. Y entonces llegó mi madre. Y me dijo que la operación, aquella que o te daba una oportunidad o se acabó, había salido bien. Sí. Sí. Oh, menos mal. Luego al fin me llevaron a verte y un tubo te salía de la garganta, no podías hablar. Me dijeron que antes el tubo estaba en la boca, y que ahora estabas mejor que antes. Pronto te trajeron a casa, con un tubo muy raro en el cuello. Ahora tenías que tener cuidado con el frío, con la ropa, con la tos... ya no estabas regordete, eras una sombra de antes. Pero seguías teniendo tu chispa, aunque no contaras chistes. Todo fue bien durante un tiempo. Luego empezaron las visitas al hospital cada dos por tres. Ya estábamos acostumbrados, nos parecía normal. Y aquella vez, todo parecía menos grave que antes. Recuerdo que nuestra última conversación fue sobre unas novelas del Oeste para mi padre. Cuando nos despedimos, creo que se notó todo el cariño que te tengo y el que me tenías.
Pasaron unos días. Era diciembre. Aquel horrible viernes mi padre me llamó y me dijo que fuera a casa. En otra ocasión le habría mandado a freír espárragos, pero algo en su tono me hizo obedecerle. Supongo que para esas cosas tengo intuición. Fui todo el camino con el corazón encogido. Las dos posibilidades eras tú y mi perro, enfermo por esa época. Por supuesto, con todo el dolor de mi corazón, deseé que fuera mi Graf. Llegué a casa y ahí estaba, saludándome moviendo la cola. Me tranquilicé, seguro que sólo quería que fuera a casa a cenar.
Y entonces me lo soltó, y tuvo el morro de decirme que no llorara ¿perdón? ¿Y qué hago, me río? Al menos Graf estuvo ahí, disponible para abrazar mientras me derrumbaba.
Todo era tan raro... llegó mi madre y no lloraba. ¿Pero por qué? Me enfadé en silencio.
Al día siguiente llegó el entierro. ¿Acaso sólo lloraba mi abuela? ¿Cómo que era lo mejor? ¡Y un carajo! Lo mejor es estar sano. Luego todo pasó, y al salir del cementerio incluso pude sonreír, hasta llegar a animarme jugando en el monte con mi padre.
Pasaron los días, y cuando pensaba en ti me sentía extrañamente vacía. ¿Sabes? Creo que no lo he aceptado el todo. Simplemente, es como si no te hubieras ido... o como si nunca hubieras estado. Lo siento tanto por mi primo, que no se acordará de ti, que no tendrá lo que yo he tenido... pero mi abuela le hablará de ti, seguro. Le dirá que jugabas al solitario y que contabas chistes y que tenías las orejas enormes, y lo moreno que estabas, y que estuviste en nosequé guerra... la verdad es que no sé mucho de ti, nada más de lo que viví contigo. Puede que no te conociera del todo. Pero no me importa. Te quiero, y ya está.
Creo que todo eso te pasó por fumar tanto. Bueno, no lo sé seguro, pero por lo que me contaban que hacías de joven y por tus síntomas... yo te prometo que no voy a fumar jamás. No, esa basura no se me va a meter a mí en el cuerpo. Y también te prometo conservar esa moneda tan antigua que me diste. No recuerdo ni cuando fue, pero el caso es que la tengo en el fondo de mi joyero. Es mi amuleto de la suerte y lo único que tengo de ti, aparte de Lami.
¿Ves? He comenzado esta carta seria, he seguido llorando y ahora me siento bien.
Tu nieta, que no te olvida =)
2 comentarios:
Ay Laia, me has puesto triste con esta entrada/carta... Pero seguro que a ti te ayudó bastante, ¿no?
Mi abuelo también murió, en realidad los dos murieron, y ahora sólo me quedan mis abuelas. No tuve la suerte de conocerlos muy bien porque ambos vivían en otros países, y siento que me perdí mucho al no estar cerca de ellos... Pero aún así tengo muy buenos recuerdos de ambos, y al final eso es lo que queda. La gente viene y va, pero lo que importa es lo que viviste tú con ellos, lo que les entregaste y lo que ellos te entregaron a ti, los momentos felices que compartieron y lo que aprendieron el uno del otro. Y mientras sigas recordando a tu abuelo y todo lo que pasaron juntos, el seguirá contigo de cierta forma :)
Mi abuelo también murió, y también recuerdo que cuando era pequeña nos sentábamos juntos en la cocina a comer y yo me quedaba pasmada viéndole tomar café xD También tenía una navaja multiusos... tendrán tdos una?? O.o
Al rpincipio fue muy difícil, porque le quiero mucho, pero hay que seguir hacia delante Laia, y mantenerlos vivos en tu memoria los recuerdos felices!!
Pórtate bien y sé feliz!!! (??!!)
Un abrazo ;)
Publicar un comentario