Creo que ahora que este ajetreado verano toca a su fin va siendo hora de adecentar esto. Pues pronto llegarán las clases y en estos meses no he escrito absolutamente nada, por lo que me expresión escrita dejará bastante que desear.
Este verano ha sido... legendario. No ha sido tan intenso en cuanto a sentimientos como el anterior, en el cual descubrí muchas cosas de mí misma. No, ha sido un verano muy estable. Pero he hecho tantas cosas que lo ha superado con creces. Dos acampadas geniales. He visto una lluvia de estrellas, me he bañado en la playa, he cogido en brazos una babosa gigante y un erizo, he bailado bajo los aspersores de un campo de fútbol... cosas pequeñas, ínfimos momentos de un largo y caluroso verano. Pero tan especiales.
Conforme pasan los días me da más pánico lo rápido que corre el tiempo. Cada vez tomo más conciencia de que me queda un solo año para marcharme de aquí, y una vez lo haga no habrá retorno, lo sé. Los lazos que he ido estrechando toda mi vida van a romperse, y lo que me da miedo es que allá donde me lleven mis pasos no encuentre lo mismo. Que me quede sola, vamos.
Hace tiempo tenía la filosofía de que nada de lo que hiciera este tiempo importaría para mi futura vida, porque empezaría de cero en otro lugar. Eso, según me decía, era perfecto porque me daba libertad para actuar como quisiera. Pero solo pensé en las acciones, se me olvidaron por completo los sentimientos. ¿De verdad en el futuro no voy a echar de menos a mis amigos? Claro que sí, pero no me había dado cuenta. Creía que podía dejar atrás todo sin remordimientos, pero ahora veo que no es así. Parece que cuando más me acerco al punto sin retorno más me doy cuenta de lo que realmente me importa.
Los amigos que tenía entonces, se han convertido en extraños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario